Yosemite, la naturaleza en el centro de California.

Yosemite Valley, Foto por Laura Bermúdez.

Al hablar de hacer un viaje a Estados Unidos, es normal pensar en visitar las grandes ciudades, conocer los rascacielos y las lujosas tiendas que adornan la mayoría de sus centros turísticos. Sin desmeritar las maravillas que el ser humano ha creado y reconocer los edificios emblemáticos de cada metrópoli y poder (en el caso de los cinéfilos) identificar los principales escenarios de series y películas, pocos conocen las maravillas naturales que tiene este país para sorprendernos. Y sonando un poco pretenciosa, me atrevo a decir que más allá de las cataratas del Niagara y el gran Cañón, que de por sí son iconos de las maravillas que tiene por ofrecer el gigante del norte, la mayoría de turistas, al menos los colombianos, no se han dado la oportunidad de explorar otros lugares. 

California es un estado lleno de atracciones, es uno de los más grandes del país, tiene una amplia población latina (entendible por su cercanía a México y por haber pertenecido a este país), es el reconocido hogar de la creatividad americana, ya que Hollywood y Silicon Valley los dos grandes sinónimos de innovación a nivel mundial se encuentran en este territorio.

Para las dos industrias creativas más influyentes, Cine y Tecnología, el nombre Yosemite tiene varios significados: para los expertos en sistemas el nombre hace referencia al sistema operativo de Apple y para los creativos del arte fílmico es sinónimo de la gran carrera del fotógrafo americano Ansel Adams quien baso gran parte de su obra artística en retratar los paisajes del parque.

Así fue, por esta última razón, mientras aún estaba en la universidad vi una materia que me permitió conocer y explorar el trabajo de este artista, por lo tanto, asociar el nombre Yosemite a un hermoso parque natural. Al analizar sus fotografías me enamoré de un lugar que entro en mi lista de territorios por conocer, como podrán suponer la lista es interminable.

Yosemite Valley in winter by Ansel Adams.

Hace dos meses tuve la oportunidad de por fin ver en persona este lugar, y realmente las fotografías y todo lo que había visto a través de una pantalla no le hacen justicia.

Ubicado a unas horas de Fresno, se encuentra este paraíso natural rodeado de enormes árboles de sequoia, algunos, con rastros del invierno que había finalizado días atrás, otros deteriorados, victima de las sequias y olas de calor que queman año a año su historia. Es imposible no detenerse a disfrutar del paisaje y tratar de llevarse la mejor toma para los recuerdos.

Es abrumador darse cuenta que ninguna foto necesitaría edición o, incluso cuando la cámara se disparaba por error una gran fotografía se podía lograr. Así de mágico es este lugar.

Después de parar un millón de veces y dejarnos encantar por su famoso e icónico pico: El Capitán, llegamos al centro de visitantes, en este, encontramos diferentes rutas de trekking para explorar el parque, dependiendo del nivel que cada persona tenga o del tiempo disponible, se puede empezar por trayectos sencillos y cortos. Los expertos pueden optar por los senderos más exigentes que demandan un mejor estado físico, de igual manera, la temporada del año también influye en que caminos pueden estar abiertos y los que no por motivos de seguridad.

Para los recorridos hay que estar preparados con buena hidratación, cuidar de no llevar comida ni comer en los senderos, ya que hay varios animales salvajes en la zona y su contacto con humanos puede ser mortal. Hay zonas especificas para comer y botar los desperdicios.

En uno de los caminos que decidimos hacer (que según el mismo parque) era de nivel bajo de exigencia, y en el que encontramos a familias con niños pequeños, tuvimos la oportunidad de ver un oso salvaje y un venado, sin contar con las ardillas y aves que estaban por doquier. De sencillo este trayecto solo tenía el nombre, por la temporada del año, el sendero estaba interrumpido en varias zonas que estaban inundadas, llenas de lodazales o con arboles caídos. Atravesarlas no fue tarea fácil y el tiempo estimado de salida se excedió. Sin embargo, ha sido de las aventuras más divertidas de mi vida, caminé descalza por un riachuelo de agua helada, metí los pies en lodo y salté de tronco en tronco para no hundirme en el barro. Una vez finalizado el recorrido, regresamos al punto de partida y vimos un letrero de alerta de leones en el camino. Este parque no nos dejaba de asombrar. Para nuestra fortuna, no nos encontramos a ninguno león de montaña.

El hospedaje fue un hotel que data de finales del siglo XIX, su arquitectura parecía la casa de esas películas clásicas americanas, las habitaciones tenían esa vibra propia de una obra de Tennessee Williams. Ubicado a una hora del centro de bienvenida del parque, fue el hogar que nos hicimos por el par de días que estuvimos allí.

Big Trees Lodge, Fotografía por: Laura Bermúdez

El turismo en este parque data de varias décadas atrás, alrededor del parque se pueden encontrar fotografías con breves reseñas históricas de los primeros turistas y los colonizadores que nombraron los principales picos montañosos que rodean al valle del Yosemite.

Algo muy llamativo de esta región, que se encuentra en las montañas, es el frío que hacía a pesar de ser primavera, comparado con el clima de Los Ángeles, que llegaba a temperaturas de 23ºC o 24ºC, Yosemite se encontraba a unos 12ºC o 13ºC y aún podía encontrarse hielo entre las ramas de los árboles.

Reviviendo los paisajes de este lugar la nostalgia se apodera, no me canso de decir lo sorpréndete y maravilloso que es nuestro planeta.

Yosemite es un parque en el que la musa es la naturaleza, cada rincón, cada paisaje inspira a escribir, tomar una foto, pintar, crear. Su majestuosidad es la que ha inspirado a tantas personas a transformar el mundo.

2 comentarios

  1. Muy interesante e inspirador para visitar ese lugar mágico lleno de grandes maravillas de la naturaleza… Me gustó mucho.

    Gracias por compartir esa grandiosa experiencia 😊

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.