Mi historia con el baile parte 2

Quise aprovechar el día de la danza para continuar mi historia de odio y amor con el baile. La última vez que les hablé de ello fue hace casi dos años. Para los que no lo han leído por acá les dejo el enlace a esa entrada.

Mi primera escuela de baile fue de Ballet Clásico:

Corría el año 2000, y mi mamá estaba preocupada por mi pie plano. Habíamos intentado «remedios caseros» como rodar una botella con el pie, y las famosas botas ortopédicas para corregir el problema. Ninguno de estos funcionó.

La siguiente opción fue el ballet. Empecé mis clases, que me gustaron bastante, pero era muy exigente tener que estudiar en el colegio y luego correr a los ensayos de ballet. Además era un poco costoso y llegaba muy cansada después de clase.

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Igual aprendí bastante, y al parecer tenía futuro en esa área. Pero al año siguiente no quise continuar.

Los bailes del colegio:

Nunca fui de las que les gustaba participar en bailes del colegio, a pesar que mi abuelita quería verme en escenarios y me motivaba a inscribirme a estos grupos. Otra gran fanática del escenario escolar era mi mejor amiga Angélica, quien siempre ha amado el baile. Además, es tremenda bailarina desde que la conozco hace más de 20 años. Con ella, montaba coreografías que solo quedaban registradas en la sala de mi casa y nuestro público eran puros peluches. Aún con el apoyo y presión de ellas, nunca me quise inscribir a ese tipo de presentaciones.

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Hubo una vez que Angélica tenía ganas de meterse a un grupo de baile, y me pidió que entrara con ella, porque no quería estar sola. Yo como la mejor amiga del mundo, lo hice.

¡EL PEOR ERROR DE MI VIDA! …, bueno tampoco, pero si quede un poco traumada. Soy bastante tímida, y más por aquellas épocas de adolescencia. Así que se imaginarán “el oso” que sentí al inscribirme a algo que me hacía sentir incomoda y eso se noto el día de la presentación. Estoy segura que fui el ser más descoordinado de la historia del baile. ¡Menos mal no existían los smartphones en aquella época! ¡Qué pena!

Después de eso… durante varios años no volví a bailar…. Al menos en “escenario”.

¡Todos cantan, todos bailan!

A medida que íbamos creciendo, todos los años estaban las muestras de talento, en las cuales mis compañeros y compañeras de clases, bailaban, cantaban, tocaban algún instrumento o demostraban su talento artístico de alguna manera.

Yo por mi parte, disfrutaba de su esfuerzo y preparación y fui de las que siempre apoyo a todos los que querían hacer parte de estos grupos. No quise participar, si mucho me gustaba hacer pancartas y eso que tampoco mucho. Fue una época en donde desarrollé otro tipo de habilidades artísticas (básicamente hacía “películas” con la videocámara de mis papás y “guiones” para series de televisión) pero eso es tema de otro post.

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En mi colegio, durante los dos últimos años debíamos elegir un énfasis, las opciones: Matemáticas e Informática, Ciencias y, Arte y Comunicación. Como ñoña respetable, mis profesores me aconsejaban ir a ciencias o matemáticas en donde mis habilidades científicas iban a encontrar una guía.

Sin embargo, a pesar de tener facilidad por esas áreas, mi sueño siempre fue hacer algo creativo, desde chiquita amo escribir historias, además amo el audiovisual, así que la mejor decisión era irme por el lado de Arte y Comunicación.

Danzas siempre fue una electiva en mi colegio, algunas de mis amigas la tomaban, mientras yo elegía manualidades, música, televisión, etc. En mi último año y por pertenecer al énfasis de arte, danzas se convirtió en materia obligatoria.

Durante un largo periodo de tiempo tuvimos que preparar una coreografía, trajes, maquillaje, posiciones. El día de la presentación estaba muerta del susto, nos fue bien o eso creo. Igual, no fue algo que disfrutara, la verdad fue por obligación académica.

¿Y cómo es que ahora amo el baile?

Hubo un día que mi chip cambio, tengo una talentosa prima: Adriana a quien pueden seguir en Instagram (sube varios videos de baile) y la encuentran como @Adrisangi9. Adri empezó clases de danza árabe y poco a poco fue creciendo. Un día tuve la oportunidad de verla bailar en Manizales y me encantó.

Adri siempre ha sido un ejemplo para mi, y cuando vi la pasión que ella sentía por el baile y por la danza árabe, sentí que esa era su lección para mi, su prima favorita ;).

El mismo año que la vi bailar, nuestra abuelita falleció. Ella, para los que no han leído la parte uno de esta historia, fue una excelente bailarina de tango. Todo esto me marcó bastante y fue cuando tomé la decisión de que quería bailar.

Empecé en mi gimnasio en donde ofrecían clases de danza árabe, allí junto a Pere, (la profesora Esperanza), aprendí a conocer los movimientos, a apreciar la música y los ritmos. Aprendí a conectar mi cuerpo y mi espíritu a través del baile, algo que nunca había sentido antes.

Durante tres años fue sagrado para mi ir al gimnasio a mis clases de danza árabe (y bueno también zumba, rumba, etc.). Pero quería más, cada día entraban más personas nuevas y la profesora tenía que explicar las técnicas básicas, no teníamos afán de avanzar, el propósito era físico y lúdico.

La llegada a Bellypassion Colombia

Una de mis compañeras de gimnasio quien siempre era la que lideraba los ejercicios de danza árabe dejó de ir tanto a clase, las veces que nos encontrábamos en otras zonas del gimnasio siempre nos saludábamos. Un día le pregunté porqué ya no iba a clases y me comentó sobre una academia de danza árabe y danzas de la India en donde estaba perfeccionando su técnica, además de tener presentaciones al público.

El bombillo se me iluminó, y casi que al otro día me fui a tomar mi clase de prueba.

Al llegar a Bellypassion, sentí una conexión increíble con lo que estaba buscando y ellos ofrecen. Tuve que esperar unos meses para cuadrar mis tiempos y finanzas, y en 2017 inicié con ellos desde 0. Si bien sabía los conceptos básicos que había aprendido en el gimnasio, hacía falta pulir y aprender mucho más.

En el poco tiempo que estuve con ellos, mi técnica mejoró, aprendí sobre disciplina, trabajo en equipo, amistad, camaradería y algo que aún tengo marcado, es la pasión por hacer lo que uno disfruta y como la técnica se ensaya y se mejora, pero la pasión es lo que te llena y te motiva.

Siempre hay un paso que nos cuesta más trabajo, una parte del ritmo que no coordinamos u olvidamos, pero con constancia podemos corregirlo.

La pasión por algo que amas es más grande que las distancias:

Al llegar a Australia, una de mis preocupaciones era dejar de bailar.

Los primeros meses mientras me instalaba ponía videos de youtube para aprender nuevas coreografías, pero no era lo mismo. Fue así como encontré Inspire Bellydance en Sídney.

Tuve que esperar unos meses (acá hay fechas de inicio de trimestre y tenía que esperar a julio para iniciar clases).  Por fin entré y me encontré con profesoras increíbles, con una nueva visión de la danza y con muchas técnicas que no conocía y que aún me faltan por perfeccionar.

No saben el reto que ha sido seguirles el paso, afinar cada detalle y lo gratificante que es conseguir una secuencia perfecta. Además, al estar en una cultura diferente, he tenido la oportunidad de conocer otros ritmos y estilos.

By Artranq

En diciembre del 2019 tuve la primera presentación con este grupo. Luego, estábamos preparando la coreografía para otros shows, y llegó el COVID, las presentaciones quedaron aplazadas y mi sala se convirtió en mi salón de baile.

Australia ha sido uno de los pocos países que ha logrado controlar la pandemia de manera existosa. Tanto así, que en julio de 2020 pudimos regresar al estudio de baile y en diciembre nos presentamos. ¡Fui la loca que se metió en 5 coreografías diferentes!

¡Conocí a mi bailarina favorita!

Cuando uno siente emoción y pasión por un tema, es inevitable empaparse de información, referencias y contexto (o bueno al menos yo que amo estudiar a detalle todo lo que me rodea). En una de esas búsquedas me encontré con Darina Konstantinova más conocida como Diva Darina, de inmediato me cautivo.

Su estilo es único y tal vez un poco fuera del molde de una bailarina tradicional, me sorprendió su habilidad y su interpretación.

Tuve la oportunidad de verla por primera vez en vivo en Bogotá, en donde se presentó en el 2018 y en el 2020 iba a volver y dictar unos talleres.

Cuando me enteré que iba a ir a Colombia nuevamente, estuve a punto de comprar los tiquetes para ir a verla y tomar un taller de los que ella dicta. En ese momento salió el anunció que también iba a venir a Sídney. Creo que apenas me enteré compré las boletas para el show y un cupo para su taller.

Antes de que todo se complicara, por aquello del coronavirus, se dictó el taller. ¡Y wow!, ¡no se imaginan el poder de esta mujer!

A día de hoy sigo repasando la coreografía que nos dictó y que un día la podré hacer perfecta. Por ahora estoy feliz del viaje que he realizado a través de la danza. Pasar de odiarla a amarla y querer ser mejor cada día.

Muchas veces tenemos conceptos de nosotros, que somos de una manera y no podemos cambiar. Y no siempre es cierto, yo creía odiar el baile y que NUNCA me iba a presentar en un escenario o que nunca iba a publicar videos de coreografías y mucho menos fotografías con trajes.  ¡Ahora hasta escribo sobre ello!

En estos momentos entiendo el famoso dicho de: “Nunca digas de esta agua no beberé”.

No sé que me espera en este viaje, pero lo poco que he aprendido ha cambiado mi vida. Me he conectado con mi feminidad y mi espíritu, si hay algo que de verdad amo hacer y que espero seguir haciendo el resto de mis días, es bailar.

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